lunes, 18 de abril de 2016

Chica occidental no le teme al hospital


Siempre he sido la típica persona que se pone como un flan ante la idea de una aguja. De esas que tienen que tumbarse para hacerse una analítica porque de lo contrario empiezan a verlo todo negro y al suelo que van. El día que entré en urgencias con mi pierna hinchada y me hicieron el primero de una larga serie de análisis de sangre me pasó eso: salí del cuartito pensando que lo tenía todo controlado cuando, de repente, una mancha negra que veía dio paso a la oscuridad total. Le dije entonces al Almirante Stargazer: “vale, no veo nada, deposítame en el suelo más cercano, que me voy a echar un rato”. Y allí me tumbé como Pedro por su casa a esperar a que se me pasara el bajoncillo. Así de caguica soy.

Y en realidad no sé por qué, si como mujer occidental  del siglo XXI que soy no hay tortura china a la que no me haya sometido yo ya voluntariamente, o peor aún, pagándolo con mi salud. Pertenezco a una clase de seres que vierte cera ardiendo sobre su vello púbico para luego tirar y arrancárselo todo, y esto por gusto, sin que nadie nos apunte con un arma, es más, pagando. Hace pocos meses yo misma apoquinaba veintitantos pounds en Londres por hacerme las ingles brasileñas esas célebres - estuve escocida dos días y decidí que el look Porn Star no es lo mío-. Y por supuesto también pasé por la fase anoréxica, la fase bulímica, la fase acné o cómo convertir tu palestino en un pasamontañas, la fase “no tengo tetas, qué me pasa doctor”, sujetador de relleno apretado cual corsé decimonónico para salir por la calle del Rosal con quince años. Y un largo etcétera de barbaridades a las que todas las mujeres deberíamos decir “No, ni de coña” desde el principio. En resumen, que en comparación con eso, todo lo que te hacen aquí es totalmente indoloro. ¿El quirófano? Un circuito de Spa comparado con la depilación eléctrica del vello facial.

Pero volvamos a la sección “putaditas de hospital”, como las llama mi padre. Resultó que aquél rutinario análisis en urgencias era sólo el cabecilla de toda una tropa de pinchazos, inyecciones e implantes de vías varios en manos, brazos, espalda y otras partes del cuerpo, culminando en mi fabulosa teta biónica, que ya está ahora en pleno funcionamiento y con la que estoy como un niño con zapatos nuevos.  Pero en aquellos lejanos días de hace cosa de un mes yo aún prefería no pensar demasiado en el sistema de venas y fluidos del que me decían que estaba compuesta, me daba todo una grima de muerte mortal.  Músculos y huesos vale, pero sólo la palabra venas me hacía poner cara de estar chupando un limón.  Y el caso es que toda esta experiencia está siendo de lo mejorcito para quitarme la tontería.  No sé por qué tanta grima, ¡el cuerpo humano está hecho de unos materiales más resistentes y sofisticados que los de la nave USS Enterprise NCC- 1701!


Ahora me veo a mí misma como un sistema de tubos y gasolina y motores y chismes más pros que los de un anuncio de Mercedes Benz. Uno de estos con música clásica y planos espectaculares de un morro metalizado reflejando los destellos del sol, surcando un paisaje urbano desierto, todo clase y poderío. Y es que nuestro cuerpo es mejor. Señoras, señores, ¡quieran sus cuerpos! No dejéis que nadie os diga de qué forma y tamaño tienen que ser con tal de que os estén dando la energía que necesitáis para disfrutar de la vida. Amancio, ojalá te tragaras la colección completa de tus catálogos de Inditex con sus fotos de escuálidas bellezas, seguro que la mezcla de celulosa y hez resultante sería infinitamente mejor para el mundo que la basura de canon estético con la que nos quieres empapelar el cerebro. ¿Tienen pinta esas mujeres de tener energía, de ir a salir por la puerta con el modelito a moverlo por ahí? No. ¿Sonríen siquiera? No. La industria de la moda es tan absurda que encima lo que se lleva es posar en plan lloratardes con el vestido multicolor primavera verano 2016. Hace poco escuché a un modisto decir un disparate de tal calibre que hasta me puse de mal humor sólo con leerlo: “la curva desvirtúa la prenda”. Juan Vidal, se llama el iluminado. ¿Pero estamos locos o qué? Entra en la web de Zara o Pull and Bear y mira las fotos, fíjate en las poses con las que sacan a las modelos. No, esa mirada enigmática no es de profundidad faulkneriana: es hambre. Esas chicas tienen pinta de estar de bajona. Y ya lo dice Lars Von en el sketch deMuchachada Nui: La bajona no perdona.



20 comentarios:

  1. Y luego están tatuajes y piercings. Sé de uno que se animó y le dijo al tatuador:
    -"pon <> aquí en la parte interior del brazo".
    -"te va a doler un poco".
    -"Nada. Entonces déjalo".

    Ánimo.
    Gracias.

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  2. Se borró el texto del tatuaje.
    "Resistiré todos los reveses de la vida, sin retroceder ni quejarme".

    No se atrevía ni en lo virtual.

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  3. ¿Por dónde empezar...? De momento, por aplaudir con todas las ganas y aullar: ¡brava! Ya te releeré con calma; expones de maravilla un tema que da mucho de sí. Muchos besos.

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  4. Qué curioso, yo cuando tengo un bajón de esos de cague de que me van a pinchar no veo una mancha negra, lo veo todo blanco como cuando te deslumbra el sol y digo, bueno, pues me tumbo a ver si cojo un poco de color.

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  5. Definitivamente es hambre.
    Yo, como tú lo soporto todo menos el hambre.
    Que no te asusten los pinchazos de una mala se pone un parche.

    Ánimo

    P.D: Hoy, otro lunes más estoy a dieta.

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  6. Poco a poco, nos vamos acostumbrando atodo, mira tú la ilusion que tengo yo ahora esperando para hacer la punción... :-) gracias por la dedicación del blog.un beso vecina!!

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  7. La verdad Rosa es q cada vez me asombras mas...muchos besos para ti y todas esas guerreras q t acompañan.D aqui a nada t veo publicando un libro! Transmites mas d lo q crees...

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  8. Je, jeee, no sabes como te comprendo, yo no puedo ni pensar en agujas y todos esos rollos, aunque no se como demonios con todo eso terminé siendo donante de sangre, pero lo que quería compartir contigo ahora va un poco por otro lado, digamos que serian los “daños colaterales” de mis miedos.
    No se si recuerdas el numero de los “Monty Python” en el que se cuentan unos a otros las experiencias a cual mas escabrosa y absurda de su niñez, pues bien, hace ya unos años me encontré con mi tío Antonio (el que llegó a los 99 años a base de frases del tipo: “Carmen (a su mujer) yo soy un señor, no puedo bajar la basura”, pero eso es otra historia que colocaré en cuanto tenga ocasión) en el paseo de los álamos aquí en Oviedo, empezamos a charlar y fueron juntándose algunos amigos suyos, uno de ellos dijo algo así como:

    Léase como si fuese una composición barroca:

    - ANCIANO 1 (presto): “ayer operaron a Pepe de un triple firloyo bandeirante con doble fístula transversal y pirolillo returgente”

    - ANCIANO 2 (andante con moto): “Eso no es nada, yo tuve un cuádruple famerlán sangrante con penetración seroposdeslizante y vomitaba tres veces diarias”

    A todas estas, unas gotas de sudor gordas como medio muslo de mi señora (gracias Forges por la terminología) se deslizaban por mí frente a la vez que mis piernas empezaban a flaquear.

    - ANCIANO 3 (adagio): “No se de que os quejáis, a mi me operaron de furulillos recurrentes con pifiasis temporal acoplada con dos bombantes aturullados y estuve tres meses arrastrándome entre vómitos y sangre”

    - ANCIANO 1 (largo): “Pero contigo usarían pinzas, porque a mi me sacaron los cogollantes laterales a tirones”

    En ese momento yo empecé a hundirme como el Titanic y me senté en un banco del paseo mientras ellos se reían a base de bien de mi.

    - CORO DE ANCIANOS: “Estos chavales de ahora (yo tenía entonces 52 tacos) es que no valen para nada”.

    Así que ya ves como está el asunto.

    Sigues siendo la mejor.

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  9. Ánimo mujer, que te van a dar miedo a ti una agujillas de nada!!! Di que yo era igual, pero en vez de fundido en negro yo lo hacía en blanco pero me daban una grimaaaa... eso sí, conseguí superarlo (a la fuerza, claro que eso no se supera así por que sí) y ahora soy donante de sangre y todo... Tú puedes guapa!!!!

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  10. Jajaja, buenísimo: no es profundidad faulkneriana, es hambre XD
    Luego estamos los que comemos como limas y seguimos flacos y cuando nos ven comiendo un pedazo donut nos sueltan "fijo que es lo único que comes en todo el día". Eso sí, no arrastramos caras lánguidas. Lucimos sanos ;)
    El caso es que siempre hay algo que decir respecto del aspecto. Que nos dejen vivir a todos

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  11. Hola!! pues, no me conoces, pero por cuestiones de la vida, el destino, el internet, termine llegando a tu blog. Me gusta como escribes!! y lo que transmites!! Y sii, cuanta razón! las mujeres somos masoquistas en potencia! y los hombres ni entienden por que hacemos lo que hacemos! (bueno, si lo entienden.. es el patriarcado que esta tan bien arraigado en la psique, sobretodo en la de ellos, que creen que no saben nada). En fin, ese es otro tema. Sigue escribiendo!!! Inspiras a cualquiera con tus letras! muchas bendiciones para que cada día te sientas mejor y mejor!!! Mucha buena vibra!! seguiré leyéndote!!!

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  12. Genial! Me encanta como lo explicas. A mí nunca me importaron los pinchazos. Y, menos mal! Porque cada 21 días me enchufan a una especie de pulpo con sabe Dios qué potingues! Amén de los pinchazos intermedios que nunca conté por no aburrirme. Eso sí, tengo que reconocer que hicieron efecto y, el linfoma, hoy por hoy, se ha ido a freír espárragos aunque siguen "alfilereteándome", rigurosamente por lo menos, cada 6 meses. Control, que le dicen. Un abrazo y mucha fuerza!

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  13. Jajajajajajaja����������Toda la razón!Yo soy de las flojas que no son capaces ni de arrancárselo todo asi a huevo y cada vez que iba al láser,me echaba una crema anestésica,me envolvía en papel transparente,iba por la calle perdiendo toda la dignidad por el camino,para una vez allí,quitarme el papel pegañosísimo,pasarme un agua,ponerme un tanga de papel,echarme en la camilla con las ingles adormiladas y aún asi,cuando sentía esos rayos que me quemaban hasta el alma,ver el firmamento entero...pero eso si,al mes,más de lo mismo...y pagando.

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  14. Buena lección, ya puedo decir que soy fan fan, ya sabes, como con las chaquetas caras.. "Es de cuero? Si si, de cuero cuero".

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  15. Te estás haciendo más fuerte!!! No consiguen eliminarte, sino que estás molando aún más. Ten cuidado, ELLOS van a enfadarse si se enteran.La conversión a ciborg protocibernético guay está efectuándose poco a poco.

    Para demostrar que eres realmente metal y que aguantas de tó deberías ponerte un tirajo de cera fría en la cabeza y tirar con todas tus fuerzas. Como en los anuncios de cera, que las hijas de puta no tienen un pelo en la pierna, tiran y dicen "no duele nada!! :D ". Claro que no, cabrona, duele cuando tienes pelo, porelamordedios!!!!1

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  16. Hola Rosa, no me conoces, pero yo tengo el gusto de conocer a tu madre. Me llamo María y toco el violín en la OSPA.
    Me permito el atrevimiento de enviarte este mantra (Ray Man) por si te apetece hacerlo en tus ratos libres. Es bastante potente así que no abuses de él no sea que mejores y los médicos te tengan que dar el alta.

    https://eternorenacer.wordpress.com/2014/04/22/como-hacer-la-kriya-del-loto-atado/

    Un abrazo

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  17. Añado solo un par de líneas sobre tu texto, Rosa, porque soy nicia y quiero escribir algo en correspondencia, ya que nos ofreciste esta magnífica arenga; aunque, como ya insinué más arriba, el asunto me desborda.

    Al igual que tanta gente, he dedicado demasiado tiempo no ya a componerme y arreglarme (que también), sino a pensar sobre ello, porque estamos obligados a pensar. Patriarcado, machismo desatado, vaya; dinero; política (mientras la gente hace dieta, no hace la revolución); una industria enloquecida en su exageración que nos inventa vulnerabilidades nuevas de continuo; unos fulanos con altavoces de alcance incomprensible y que se inflan de importancia, como la rana de la fábula, para pontificar estupideces, como ese que citas... (El ejemplo ideal para mí fue aquella cretinada asombrosa de hacer desfilar a unas modelos con las cabezas vendadas y horcas al cuello; cuando al modisto [modista es propio de mujeres pobretonas, puaj] se le reprocharon dos consecuencias, a) que las modelos tropezaban y se caían y b) que simbólicamente era una idea repulsiva, el hombre se puso todo lo víctima herida e incomprendida posible, acusándonos de incultos porque no reconocíamos la referencia a Magritte. En fin.)

    Ya van más de dos líneas. Bueno. Que si acaso, lo que hemos perdido es la idea de moderación. De la misma forma que es difícil hacer dieta adelgazante cuando es preciso comer todos los días, presentarnos en sociedad es inevitable para la inmensa mayoría de nosotros. Y está bien alegrar el ritual: la ropa expresa, los cosméticos tienen su gracia (lástima que los hombres no los usen alguna vez), el disfraz y la máscara son interesantes, combinar cortes o colores puede ser bonito (lástima que los hombres casi no usen estos últimos hoy en día). Yo disfruto como cualquiera de ver a la gente, y en general de vestirme yo misma. Pero, ah, la moderación, por qué revuelta del camino la perdemos. Si alguien no quiere participar en el juego (algo inevitablemente expresivo también), ¿por qué no? ¿Por qué en lugar de atormentarnos por presuntos defectos propios, empujados por una industria cruel en su avaricia, no dedicamos más tiempo a disfrutar de las bellezas, ajenas y propias? Creo que no he conocido nunca a nadie completamente feo (si dejamos la moral fuera, y esos son pocos). Quien tiene alguna circunstancia fuera del canon, siempre posee muchas otras que son atractivas de mirar; incluso las que se salen del canon (ridículamente estrecho) pueden muy bien llegar a serlo. ¿Cómo es posible que confundamos la belleza con el atractivo, no digamos ya con las marcas comerciales? Y, sobre todo, ¿por qué todo esto se ha vuelto un asunto tan importantísimo?

    Cuando el cuerpo nos da un toque y nos recuerda lo que vale, ¡qué absurda parece toda esta dedicación! Pero de eso ya has hablado tú mucho mejor. En fin, puesto que disfrutar de una misma y de los demás casi parece ser en estos tiempos un acto político, hagámoslo, que encima siempre apetecerá mucho más seguir recomendaciones como la tuya de que nos queramos, además de rebosar sensatez.

    Ah, lo de «lloratardes», ¡buenísimo!

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